Carta de los fundadores

Carta de los Fundadores

Queridos amigos:

En el año 2004 nuestra familia se llevó una gran sorpresa, nuestro hijo menor Daniel tenía cáncer de hueso. Él había sido siempre un niño muy saludable, ¿cómo era esto posible? Nuestra segunda sorpresa fue que, al tener 15 años, no podría ser recibido en el Hospital Nacional de Niños, ya que este centro médico no recibe a niños mayores de 13 años como primer ingreso.

Dios hace cosas maravillosas y Daniel fue recibido como una excepción en el Hospital Nacional de Niños. Él al verse como un privilegiado, decide que quiere construir un centro de atención médica para los adolescentes. Un lugar para jóvenes lleno de amor, color, música y esperanza para seguir viviendo.
Los planes de Dios fueron otros y Daniel después de cuatro años de lucha falleció en el 2008, dejándonos su sueño de luchar por los adolescentes con enfermedades crónicas de Costa Rica.

Nosotros como padres pasamos la terrible y angustiosa experiencia de tener un hijo adolescente con cáncer y ver que no existía un lugar adecuado para esta edad. El mundo da vueltas y el shock al recibir esta noticia es inmenso. La vida cambia en un minuto y se vive día a día una pesadilla. La incertidumbre al futuro es inmensa y el miedo de sentir que la vida de un hijo está en riesgo se presenta minuto a minuto.
Sabemos que nuestro sentir es también la vivencia de muchos padres, que al igual que nosotros recibieron o están afrontado la noticia de que su hijo tiene cáncer, es por esta razón que decidimos hacer nuestro, el sueño de Daniel… velar por los adolescentes con cáncer de Costa Rica.

Junto a nosotros se unieron amigos de Daniel, y sobrevivientes de cáncer que al igual que Danny, pasaron por un diagnóstico de cáncer siendo muy jóvenes, y es así como nace Proyecto Daniel.

Nuestro sueño es proveer a estos jóvenes un ambiente adecuado para su edad, cálido, saludable y lleno de amor durante sus días de hospitalización. Soñamos en grande y queremos que Costa Rica llegue a tener un Centro Integral para Adolescentes con Enfermedades Crónicas, y que sea fuente para aliviar los miedos que se viven en medio del momento difícil al que le están haciendo frente.

Para llevar a cabo un cambio tan grande hay que soñar y trabajar fuertemente, reusar y aceptar que esto es posible. Creemos en los jóvenes, en la generosidad y en el trabajo y sabemos que, con todo esto, cosas extraordinarias pueden ser posibles.

Sabemos que si logramos dar alegría por lo menos un minuto vale la pena. Nuestros jóvenes pasan por batallas largas y duras; algunas batallas se ganan y otras se pierden, pero con amor, esperanza y ayudándoles a sonreír, esta experiencia puede ser mejor.

Bernardo Arce Gutiérrez y Ligia Bobadilla Matta.