Testimonio de Mariano Arce

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Hola, mi nombre es Mariano Arce, tengo 17 años y fui diagnosticado de un carcinoma de nasofaringe.

Antes de que me dieran mi diagnóstico era un adolescente con muchos sueños, era un joven deportista, me encanta jugar bola (fútbol); estaba en un equipo de fútbol.

Todo comenzó a finales del 2020, aproximadamente para el mes de noviembre nos dió COVID 19, pasamos el tiempo de aislamiento lo más bien; luego de eso empecé con un dolor de espalda fuerte, sentía como si se me hubiera metido un aire en la parte de arriba de la espalda, como entre la espalda y el cuello. Pasaban los días y el dolor seguía, mi mamá me pagó varias sesiones donde un quiropráctico, porque pensábamos que era estrés, por estar encerrado en la casa; ya que en ese tiempo estábamos en pandemia.

Fui a las sesiones con mi mamá, me alivio un poco el dolor, en enero del año 2021, una mañana me levanté y sentí en el oído izquierdo como si se me hubiera metido un aire, pasé el día con el oído taqueado; en la noche le comenté a mi mamá que sentía el oído taqueado como si se me hubiera metido un aire, mi mamá me hizo un corcho (es un papel periódico que se pone en el oído y se quema para sacar los aires), yo sentí como que algo salió; pero no dio resultado.

Pasaron los días, seguía sintiendo el oído taqueado y comencé con un dolor en la parte izquierda de mi cabeza y con la nariz trancada. De ese día en adelante los dolores fueron más fuertes, el dolor era en la parte izquierda de mi cabeza, bajando hacia mi garganta. Para poderme aliviar tomaba ibuprofeno, normalmente me tomaba 1 en la mañana y 1 en la noche antes de dormir; con el tiempo el dolor fue aumentando y ya no me tomaba 2 ibuprofeno al día, si no 8 pastillas al día, una noche mi mamá estaba buscando algo en las gavetas y encontró 15 paquetes de ibuprofeno vacíos, desde ese día mi mamá me pregunto el motivo de tantos sobres vacíos; yo le dije lo que estaba pasando con el dolor que sentía.

Después de eso mi papá me saco cita en medicina general en la clínica Marcial Fallas, el doctor me reviso y nos dije que era migraña y cierta parte por ser alto me afectaba en la postura, me recomendó ir al gimnasio, para corregir mi postura y dejar de comer algunos alimentos que producían la migraña. Comencé a ir al gimnasio a corregir mi postura y aumentar un poco peso, pero no fue así; los dolores seguían y en vez de aumentar bajaba de peso.

En Semana Santa fue cuando ya se me desató los dolores, mi mamá me llevo a emergencias, me mandaron a la carpa y el doctor que me atendió me dijo que yo tenía una infección en el oído, me mando antibiótico y una inyección para aliviar el dolor en ese momento, nos pusimos muy tranquilos porque pensábamos que con los antibióticos ya se iba terminar ese tormento, pasaron los 5 días y el dolor en vez de disminuir, aumento mucho más. Una tía nos mandó un dinero para que me llevaran donde un Otorrinolaringólogo privado, el día lunes era la cita y yo me levante con mucho dolor; llegó la hora de la cita me atendió el doctor, me examinó; me realizó unos exámenes, me examinó los oídos y él vio algo detrás de mi tímpano. De inmediato me envío un TAC con resonancia, en la parte de cabeza y cuello.

De ahí mi familia, tíos (as), primos (as) nos ayudaron a recolectar el dinero para el TAC, en dos días logramos recolectar el dinero y sacar la cita para el TAC. El día miércoles teníamos la cita, fuimos al hospital Metropolitano, ya que una prima logró asociarme y así que el TAC saliera más cómodo. Fuimos a la cita, me hicieron el TAC y detectaron una mastoiditis (es un líquido detrás del tímpano), gracias a Dios no era nada en el cerebro, porque teníamos miedo que fuera algo del cerebro.

Luego mi mamá le envío el reporte al médico y a una prima mía que es doctora, mi prima sabía lo que tenía, pero no le quiso decir a mi mamá para no preocuparla, luego mi mamá habló con el médico y él le recomendó llevarme el viernes a la clínica, pasó el día jueves seguía con el dolor, por fin llegó el viernes, nos despertamos y nos alistamos, llegamos a la clínica el doctor nos atendió, de ahí surgieron varias preguntas, yo le comenté que no podía respirar bien, el me realizó un examen llamado endoscopía, me lo hizo y vio por medio de eso una masa, inmediatamente me mandó de urgencias al hospital San Juan de Dios con una referencia, llegamos al San Juan y me daban la respuesta de la referencia dentro de 15 días, mi mamá habló con el doctor y el doctor me refirió con un colega de él, el martes a las 7 de la mañana.

Llegó el día martes, fuimos a la cita, el doctor me volvió a realizar la endoscopía y nuevamente confirmó que había una masa (tumor) aún no sabíamos si era maligno o benigno; ese mismo día me realizó la biopsia, de ahí duraron mes y medio en dar el resultado.

Después de mes y medio llamaron a mi mamá diciéndole que ya le tenían el nombre y apellido del tumor, era un tumor maligno, silencioso y se llamaba carcinoma de nasofaringe, gracias a Dios el tumor estaba encapsulado. Ese mismo día le dijeron que me llevara el día siguiente para empezarme lo más pronto posible el tratamiento, ya que estábamos a tiempo. Yo siempre pensé que tumor y cáncer eran dos cosas muy diferentes, por eso no le tuve tanto miedo al resultado; mi mamá en ese instante habló con el médico y le pidió que por favor no me hablarán con la palabra de cáncer, si no con la palabra de tumor, para que yo no me asustara. Los médicos que fueron y son ángeles para mi vida, siempre me hablaron con la palabra de tumor; ese mismo día me hablaron que me tendrían que poner quimioterapia y lo primero que se me vino a la mente fue que se me iba a caer el pelo, aunque les parezca extraño lo que les voy a decir, pero todo me pareció bonito y en parte yo quería que me pusieran quimio.

Uno de los médicos me refirió a una colega de él de oncología, a mi en ningún momento me dio miedo, al contrario, me emocionaba mucho, ese mismo día hicimos todas las vueltas y me programaron las citas. Después de 15 días la oncóloga me atendió y me mando un TAC para confirmar que el tumor estuviera encapsulado; me hice el TAC y aproximadamente el resultado estuvo en 1 semana. Anteriormente, la doctora de radioterapia me había visto y nos dijo que si el tumor no estaba encapsulado se podía haber pasado a la parte del cuello que abarcaba pulmones o cabeza que abarcaba el cerebro. Volvimos nuevamente con la doctora de oncología, y nuevamente nos confirmó que gracias a Dios el tumor estaba encapsulado por lo tanto el tratamiento iba a hacer curativo; lo cual duraría 5 meses, ella también me comentó que por motivos de tiempo íbamos a empezar con la quimioterapia, ya que la radioterapia estaba muy llena y podía llevarme hasta 2 meses esperando un campo, entonces ella actuó primero con la quimio; por lo cual me tenía que internar para ponerme un “picc” (era una sonda delgada que estaba conectada al corazón, para así pasarme la quimio y nos destruir mis venas), ese mismo día la doctora me hablo de unos cuartos de Proyecto Daniel, los cuales no pude acceder, por el motivo que estaban ocupados; pasé 3 días internado.

El día jueves 1° de Julio me pusieron la primera quimio, la doctora anteriormente me dijo que con la primera quimio se me iba a desaparecer el dolor y así fue, el viernes 2 de Julio amanecí sin dolor, ese mismo día me dieron la salida, así pasé los mejores 3 meses de quimio, los días que me tocaba ir a quimio eran los mejores días de mi vida. Después de la última quimio me dieron 1 mes de descanso, pasó ese mes y venía la parte final de mi tratamiento; la radioterapia.

La doctora de radioterapia anteriormente me mandó a colocarme una sonda gástrica (PEC), ya que la radioterapia me iba a destruir la garganta, por lo cual yo no iba a poder comer. Una de las secuelas permanente de la radioterapia era la perdida de saliva, ya que la radio me iba a despedazar mis glándulas salivales. Ya llego el día de empezar la radioterapia, fueron 33 sesiones (2 meses) de radioterapia, de lunes a viernes, los ángeles seguían apareciendo en mi camino, los técnicos de radioterapia fueron demasiados buenos conmigo. Yo inicié la radio con 58 kg, ya cuando termine, salí pesando 41 kg. En noviembre termine gracias a Dios todo mi tratamiento. Fueron 2 meses largos de recuperación, volver aprender a comer de nuevo.

Gracias a Dios mis tíos (as), primas (os), amigos, mis hermanos, mi sobrinita, mis perritas, mi mamá mi gran apoyo y mi papá, pude vencer el cáncer con la ayuda de Dios y la virgen.

Ahora ya estoy retomando mi vida, estoy sacando mi último año de colegio, estoy yendo al gimnasio, a pesar de las secuelas de la radio de vez en cuando juego partidos con mis amigos, y primero Dios continuaré con muchos sueños que tengo a futuro, uno de ellos es ser un profesional y cuando ya pasen los 10 años de control, ser un voluntario en Proyecto Daniel y ayudarle a todos esos jóvenes a luchar a salir adelante con esta lucha.

Esta es mi historia ser un sobreviviente del cáncer y a todos eso jóvenes que están empezando, pongan todo en manos de Dios y siempre tengan una sonrisa en su rostro.