Gracias por tu legado Daniel

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Jamás he vivido de los “hubiera”, porque sé que el ahora y el presente es todo lo que tengo, pero algunas veces cuando estoy solo me permito fantasear con lo nunca será, y aunque no me queda duda que en otro tiempo y en otro lugar nos sentaremos a hablar, debo admitir que me hubiera encantado conocerte en esta tierra y en el ahora Daniel. Jamás sentí tu calor, tus abrazos ni escuché tu voz, pero por alguna razón el universo nos permitió ser hermanos del dolor y de cierta forma nuestro viacrucis está plasmado en nuestro código genético, y a través del sufrimiento siempre hemos interconectado.

¿Cómo decirte esto hermano mayor? Tal vez podría resumirlo dándote las gracias, te conocí a través de historias que otros me contaban en los momentos más difíciles de mi vida, y quiero que sepas que desde entonces te he admirado y he querido seguir tus pasos, a veces entro a YouTube a escucharte cantar, a veces recito tus frases, y también hablo de ti cada vez que puedo, me siento orgulloso de quien eres, y aunque puede sonar inverosímil, siento que hemos vivido mucho desde que un 2016 entré a los cuartos del hospital que nombraron en tu honor, no sabes lo mucho que amo el color naranja desde aquel momento.

En la pared decía “Todo lo que quiero es hacerte sonreír” Daniel Arce y no solo me llenaste el corazón de alegrías, me regalaste los amigos que hice en el proyecto, me diste momentos increíbles, me diste fuerzas cuando sentía que me desmoronaba y me recordaste que nadie puede quitarnos el privilegio de decidir cómo queremos afrontar los desafíos que se nos presentan en el camino. Sufrimos mucho hermano, perdimos demasiado en el camino y a veces la vida es abrumadora después de sobrevivir las noches largas, pero tus ideales continúan llevando esperanza a miles de familias y la fuerza de tu espíritu sigue llenando de amor a quienes más lo necesitamos.

Sé lo mucho que luchaste por preservar la vida, sé que tu camino fue más duro del que la mayoría de nosotros podría soportar, pero aún así tuviste la valentía y la humildad de no solo pensar en ti sino en buscar ayudar a los demás, creo que ese el verdadero sentido de la vida, poder levantar al caído, poder motivar a quien ya no puede más y alzar a quienes se sienten derrotados, y eso hiciste tú, miraste más allá del dolor y te convertirse en un portavoz de la esperanza.

Gracias hermano, quiero que sepas que te quiero, te quiero mucho. Le pido a Dios que cuando sea mi hora, pueda también haber cumplido con mi cometido en su totalidad e irme sabiendo que di lo mejor como tú lo hiciste, nosotros sabemos cuán importante es la vida, porque nos ha tocado mirar de frente a la muerte, todos somos guerreros y ganamos la batalla cada vez que hacemos el bien, necesitamos más personas como tú querido Daniel que en tiempos de crisis fueron luz, que en momentos de dificultad pensaron en los demás y que jamás te rendieron.

Hoy más que nunca necesitamos levantar las banderas de la paz, el amor y la solidaridad. Aunque dejaste un vacío muy grande el día que te fuiste de esta tierra sé que el espíritu que te movió a convertirte en un joven excepcional también está con nosotros hoy y debemos abrir nuestros corazones y aperturar la mente para entender que nos debemos a los más necesitados y es nuestra responsabilidad cuidar de quienes sufren más, gracias por tu ejemplo, gracias por tu vida, por tu lucha y por, sobre todo, gracias por tu legado Daniel, que continuará resonando en la eternidad.