Kimberly Hidalgo

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Hola, mi nombre es Kimberly Hidalgo Rodríguez.

Actualmente tengo 24 años, soy estudiante de Finanzas (en este mes me graduaré) y mi pasión es la enseñanza de la matemática.

Mi historia comienza un febrero del 2018, empecé a sentir un fuerte dolor en mi brazo derecho. Lastimosamente para ser sincera no le preste la atención que debería, sin embargo, mi madre (la cual ha sido mi apoyo incondicional) presintió que algo malo sucedía.

Una noche nos presentamos a la Clínica de Coronado, la cual debo admitir posee un excelente servicio y me atendió un doctor al cual yo le expresaba el fuerte dolor que tenía en el brazo.

En ese entonces, ya tenía una masa de aproximadamente siete centímetros en mi antebrazo derecho.

Él me comentó que esa masa parecía ser de grasa por lo cual me envió a cirugía menor para extraer lo que empezamos a llamar «tumor», y efectivamente lo era.

Pasaron alrededor de dos meses para que el doctor de cirugía menor me atendiera, en ese momento el Dr. Charpantier a quién admiro rotundamente se sorprendió al ver la forma y tamaño del tumor.

Sinceramente, no pudo brindarme un diagnóstico y me envió urgentemente a realizarme un ultrasonido.

La radióloga determinó que la masa tenía una contextura extraña, por lo tanto, era extremadamente necesario realizarme una biopsia lo antes posible.

Recuerdo como si fuera ayer la biopsia de mi brazo, era un momento decisivo, pues eso determinaría si en realidad tenía cáncer.

Cáncer, una palabra tan fuerte que aún en la actualidad representa miedo e incertidumbre. Como una persona que tenía como prioridad su trabajo y estudio; lo único que pensaba en ese momento era que simplemente me harían una cirugía y podría continuar con mi vida cotidianamente.

Sin embargo, en un azar del destino mes y medio más tarde, la doctora de medicina quirúrgica del hospital Calderón Guardia, nos citó a mis padres y a mí, debido a que tenía una noticia que darnos.

Tomó el resultado de la biopsia en sus manos y me dijo: empezarás a recibir quimioterapia pues los resultados no están de muy buen ver.

Impactada le dije: ¿Doctora dígame la verdad tengo cáncer?

A lo que ella respondió con una mirada triste, SÍ.

Supongo que, en estas situaciones, la noticia aún fue más dolorosa para mis padres. Su hija ahora estaba en riesgo y tenía que empezar un proceso doloroso, pero de crecimiento.

Por mi parte, pensé «rayos, CÁNCER».

Ahora tendría que detener muchas de mis tareas para dedicarme a lo realmente importante, mi salud.

No les voy a mentir, es de las situaciones más difíciles que he tenido que vivir.

Y desde ese julio del 2018 el señor Jesucristo ha alargado mi vida y me ha ayudado a ver el mundo diferente, disfrutar de lo mínimo; que al fin y al cabo se han convertido en lo máximo en mi vida.

Al final empecé a recibir quimioterapia por 3 meses, luego, tuve una cita en la que el Doctor Badilla me comenta que la quimioterapia no brindó el efecto esperado y mi tumor había crecido aún más.

Otro golpe fuerte para mi vida, pues, a pesar de lo duro de la quimioterapia y sus efectos secundarios tenía la esperanza de qué mi tumor desapareciera y pudieran salvar mi brazo.

Sin embargo, me di cuenta que los planes que yo tenía no eran los mismos que Dios tenía para mí.

Seguidamente, y para no correr más riesgos, la solución más viable era amputar mi brazo.

Recuerdo estar en sala de operaciones, verlo por última vez antes de que la anestesia me durmiera por completo y decirle gracias infinitas gracias por los 24 años que estuviste conmigo eres una parte de mí que en este momento se va y espero en el cielo volver a estar completa.

Este viaje me ha enseñado amar a Dios por sobre todas las cosas. No somos un brazo o una pierna somos hijos de Dios, un Dios vivo que nos ama independientemente de cómo nos veamos.

Gracias a él y a la medicina por permitirme vivir un poco más y aprender a vivir como se debe, apreciando el más mínimo detalle.

Proyecto Daniel para mí ha sido un refugio donde he encontrado una segunda familia. He conocido personas increíbles que han llenado mi vida de aventuras.

Puedo asegurar que el simple hecho de que nos brinden un lugar donde estar seguros hace que nuestro proceso sea más llevadero.

Los voluntarios que nos visitan en el proyecto hacen posible que, aunque estemos cansados, con náuseas o estresados; salga de nosotros una sonrisa autentica de agradecimiento.

Gracias por brindarnos tanto apoyo y de una manera tan cálida.

En definitiva, gracias al Proyecto Daniel nuestra vida es renovada y sin importar si logramos quedarnos aquí en este mundo o nuestro destino es irnos, nos regalan lo más lindo que una persona con cáncer puede recibir, AMOR.