Kendall Mena
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Hola, mi nombre es Kendall Mena, tengo 18 años, soy estudiante y mi sueño es llegar a ser chef profesional.  Me gusta el fútbol y la música, soy el segundo de cinco hermanos y me gusta mucho ayudar a las personas.  También soy una persona extrovertida, muy sociable y me desenvuelvo bien en público.  Me considero alguien fuerte, valiente y sin temor a enfrentar los retos de la vida.

El 10 de febrero del 2017 fui diagnosticado con Linfoma Hodking de grado dos, en mi cuello y pecho.   Fue una noticia impactante, ya que siempre he sido una persona activa y de buena salud por lo que nunca antes había padecido de algún tipo de enfermedad grave y en mi familia nadie contaba con antecedentes de cáncer.   Estuve internado por un mes en el Hospital México, durante ese tiempo me hicieron una operación a corazón abierto, en la cual me dejaron una válvula conectada a mi cuerpo que drenaba el líquido que estaba afectando mi corazón.  Me hicieron cientos de exámenes de sangre, placas, biopsias y otros estudios, en mi tiempo internado. Después de un largo mes lleno de estudios, dieron con mi diagnóstico e inmediatamente me asignaron el tratamiento de quimioterapia y radioterapia.  Recibí 12 sesiones de quimioterapia, cada 15 días, este tratamiento contaba de cinco bolsas de químicos que entraban a mi cuerpo mediante una vía, los cuales me iban desgastando poco a poco, conforme pasaban las horas sentado en el cubículo, mi cuerpo decaía.   A como pasaron las semanas mi estado empeoró, se me cayó el pelo, no aguantaba los brazos y mis venas sufrían, también pasaba con el estómago revuelto y no tenía ganas de comer, ni siquiera oler porque me daban vómitos.   A pesar de esto, aumenté de peso debido a la gran cantidad de líquidos retenidos del tratamiento.  Sin embargo, este proceso aumentaba más mis ganas de vivir y salir adelante, aunque a veces sentí que no podía más y quería tirar la toalla, mi familia y novia siempre estuvieron a mi lado para darme fuerzas cuando a mí ya no me quedaban.

Luego de un año después de muchos tratamientos y exámenes, me dieron la noticia de que había vencido el cáncer, la cual me llenó de felicidad y me hizo entender que por más difíciles que se vean las cosas, nunca son imposibles.   El cáncer me enseñó a que al final todos somos iguales, ya que no distingue entre color, sexo, género o estrato social, este ataca a todos por igual.  Pero también sé, que con todo lo que aprendí, ahora puedo ayudar a muchas personas y que no estamos solos en ésta lucha.

Durante todo este proceso Proyecto Daniel se acercó a mí, ellos son una fundación que se encarga de ayudar a jóvenes con cáncer.   Para mí fue algo muy gratificante, ya que muchas veces pensé y sentí que estaba solo, pero me di cuenta de que, como yo, cientos de jóvenes más, luchan día a día contra el cáncer.   En Proyecto Daniel cada uno de sus voluntarios ponen todo su corazón y empeño para hacernos sentir acompañados, llenos de valor y fuerzas para seguir adelante.  Ellos realizan muchas actividades, campamentos y charlas donde uno llega a conocer personas con casos parecidos al de uno, comparte experiencias, hace nuevas amistades, pero sobretodo nos recuerdan que no estamos solos y por más oscuro que se vea el camino, siempre hay una luz al final del túnel.

Le doy gracias a toda mi familia, novia y personas que estuvieron a mi lado, pero en especial a Proyecto Daniel por acompañarme, motivarme y darme fuerzas para vencer el cáncer, ya que no es una lucha solo mía, sino de todas las personas que me rodean.