Jesús Mora

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Mi nombre es Jesús Mora Ramírez, soy de Puriscal, San José, tengo 21 años y soy sobreviviente de cáncer, un Carcinoma Mucoepidermoide en la parte de la faringe, bueno, para ser más exacto, fue en orofaringe, paladar blando. 

Ese “amigo” (por llamarle de algún modo) llegó a alojarse a mi cuerpo en el 2016, fui diagnosticado el 15 de noviembre de ese año, en el Hospital San Juan de Dios.

Con muchos sueños, metas y proyectos con tan solo 19 años (en ese momento), llega el cáncer, totalmente inesperado, yo tan solo estaba viviendo, empezando a soñar, de repente aparece el cáncer y derrumba todos los sueños que se pudo encontrar en mi vida. Todo inicia con una bolita que me andaba por el cuello, se desarrolló muy rápido y se formó un majestuoso tumor en mi garganta, no esperó nada, como que le precisaba alojarse ahí y ganar todo el territorio posible.

Una noticia devastadora, escuché al especialista decir; -efectivamente tenés cáncer-, mi mente se nubló, quedó en blanco, se me vino el mundo encima, ¿qué iba a pasar?, no lo sé, al recibir esta noticia surgen muchísimas ideas, sentimientos, emociones lo cuales pasaron todos por mi mente en un lapso muy corto de tiempo. Lo más predominante obviamente fue encontrarme con la posibilidad cercana de morir.  

Una experiencia súper complicada no solo para mí, sino también para mi familia, amigos, conocidos y allegados, marcó mi vida por completo, una dura etapa, fueron 17 meses de lucha constante, peleando una batalla complicada sin saber qué iba a pasar refugiado únicamente en la esperanza y en la fe.

Una batalla en la cual pude desmostarme a mí mismo quién era y cuánto coraje había dentro para querer y poder salir adelante. Solo tenía que alimentar la chispa de la perseverancia, me reté hasta dónde podía llegar, parecía una carrera perdida, la meta ni tan siquiera se veía, pero este reto debía afrontarlo sí o sí y con mucha con valentía, coraje y actitud, pude demostrarme que era capaz de lograr lo que me propusiera si tenía la fuerza de voluntad necesaria. Contaba con el apoyo de mi familia y amigos, suficiente para querer seguir luchando.

Viene la mejor parte de todo esto, y es que este pensar no se puede construir si no hay doctores geniales cerca de uno que le motiven y lo alienten, tuve la gran dicha de contar con especialistas geniales, que me ayudaron increíblemente, uno de ellos fue el psicólogo de oncología, el Dr. Campos, que me atendió en el Hospital México, de esos grandes profesionales que me impulsaron a seguir con las baterías full para seguir luchando.  

Me regaló una de las mejores etapas que he podido vivir, llegar hasta los brazos de la fundación Proyecto Daniel donde fui acogido desde el primer momento con un amor impresionante. En Proyecto Daniel puedo descubrir el verdadero significado y valor de la valentía en todo el esplendor de la palabra, a lo largo del camino de enfrentar el cáncer se puede llegar a sentir solo o desmotivado, pero basta solo conocer a estos jóvenes para llenarse de una energía y un positivismo inagotable, grandes amigos y compañeros de batalla me ha regalado esta fundación con casi 10 meses de pertenecer a esta gran familia.

Llegar a formar parte de esta fundación ha significado demasiado, el apoyo, el cariño, la empatía es genial y que quede claro que no solo por parte de los chicos que he conocido y de los cuales he aprendido un montón, sino también de una maravilloso equipo de coordinadores, administrativos y los geniales voluntarios que forman parte de la Familia Naranja y que me llenaron de alegría y me motivaron a continuar, en un abrazo o en una sonrisa; el maravilloso significado de familia se ve plasmado enormemente reflejado con un amor especial.   
 
La etapa del cáncer es un renacer maravilloso, cuando me incorporé de nuevo a mis oficios fue como empezar de cero, venía formateado completamente, con más ganas de vivir, con más energía, con más seguridad, valentía y coraje, ya estaba seguro que nada ni nadie podría detenerme, muchos de los jóvenes de Proyecto Daniel alimentaron esas ansias gigantes de querer salir y vivir sin miedo, ver sus casos y la actitud que tenían para afrontarlos pues me llevaron a comprender que todo era cuestión de actitud.

Después de esta experiencia del cáncer en compañía de una familia maravillosa color naranja, logré comprender tantas cosas que a lo mejor nunca hubiese comprendido, lograr la madurez necesaria para hacerle frente a los momentos difíciles y poder salir fortalecidos de ellos, comprender lo valiosa que es la vida y lo rápido que puede esfumarse, fue hasta ese momento que comprendí el valor de las pequeñas cosas porque vivir está hecho de momentos y no de tiempo.

Feliz, orgulloso y agradecido con estas maravillosas personas que han formado parte de mi motivación y crecimiento personal, gracias al cáncer pude conocerlos y formar parte de esta tan querida, tan genial y por supuesto tan única y chiva familia. Eso es parte de lo que le agradezco al cáncer llevarme hasta Proyecto Daniel y a Proyecto Daniel le agradezco inmensamente el haberme abierto las puertas y llenar mis días tristes y grises de energía y motivación color naranja.